Más que fuga de cerebros


El avance con una nueva tanda de despidos en la Comisión Nacional de Energía Atómica alcanza a científicos e ingenieros con formación de alta especialización y difícil reemplazo 


Categoría: INVESTIGACIONES

Buenos Aires-(Nomyc)-Las declaraciones del presidente de la CNEA, Martín Porro, quien aseguró que “ningún operador licenciado, investigador, ni personal especializado fue desvinculado”, fueron desmentidas de manera casi inmediata, por los trabajadores del organismo.

 

Uno de los casos más ilustrativos es el de Paula Alderete, despedida el pasado 30 de junio, quien era la responsable del único Microscopio Electrónico de Barrido con acreditación bajo las normas ISO 9001 e ISO 17025 que hay la CNEA, una certificación altamente exigente y poco frecuente, que requiere conocimientos técnicos específicos adquiridos tras años de capacitación y experiencia. 

 

De manera paradójica, tamaña responsabilidad era remunerada con apenas 650.000 pesos mensuales y entre los despedidos, también figuran el ingeniero químico Lucas Di Donatis y el ingeniero electrónico Alejandro Valentín Coria, muy calificados y que desarrollaban funciones técnicas complejas, dentro del organismo.

 

Las cesantías, llegan después de varios recortes presupuestarios que redujeron la capacidad operativa de la Comisión, por lo que también diversos proyectos estratégicos fueron paralizados o ralentizados por falta de financiamiento, lo que afectó desarrollos vinculados con la tecnología nuclear, la investigación aplicada y la producción científica.

 

Los despidos en la CNEA, no representan una decisión aislada, sino que resultan plenamente coherentes con un desfinanciamiento del sistema nacional de ciencia y tecnología desde el comienzo de la actual administración. 

 

La inversión pública en el sector cayó hasta representar apenas el 0,140 por ciento del producto bruto interno, el nivel más bajo desde que existen registros disponibles y una reducción real del 51 por ciento, con respecto de 2023, mientras que entre 2023 y 2026, el sistema científico perdió alrededor del 14 por ciento de los investigadores del CONICET.

 

La ciencia produce innovación, mejora la competitividad de las empresas, fortalece las capacidades industriales, desarrolla tecnologías médicas, energéticas y satelitales, genera patentes y contribuye a resolver problemas concretos de la sociedad. 

 

Países que hoy lideran los principales indicadores de desarrollo económico, comprendieron hace tiempo que la inversión sostenida en investigación constituye una política de Estado, sin que importe el signo político de sus gobiernos.

 

La denominada “fuga de cerebros” implica perder profesionales cuya formación demandó enormes recursos públicos y privados, pero también resignar capacidades estratégicas que difícilmente puedan recuperarse en el corto plazo. 

 

A ello se suma, la paralización de investigaciones, la renuncia progresiva a la soberanía tecnológica, el deterioro de sectores de alto valor agregado y una creciente dependencia del conocimiento desarrollado en otros países, por lo que el desfinaciamiento de la ciencia condiciona el desarrollo tecnológico, económico y social, y limita las oportunidades de las próximas generaciones.

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