El lago más grande de la Antártida esta sellado bajo el hielo más años que la humanidad en la Tierra


Bajo casi cuatro kilómetros de hielo antártico se esconde una masa de agua líquida aislada del resto del planeta desde hace entre 15 y 25 millones de años


Categoría: INVESTIGACIONES

En febrero de 2012, luego de veinte años de trabajo casi ininterrumpido, un taladro ruso atravesó los últimos metros de hielo sobre la Antártida oriental y tocó algo que ningún ser humano había rozado: la superficie de un lago que lleva sellado bajo el hielo desde mucho antes de que existiera nuestra especie.

 

El agua, ascendió por el pozo, se mezcló con el querosen y el freón usados para evitar que la perforación se congelara y volvió a helarse en su ascenso, en la primera vez que alguien tocaba, aunque fuera de manera indirecta, el Lago Vostok.

 

Vostok es el mayor de los casi 700 lagos subglaciales catalogados en la Antártida y ocupa el puesto 16 entre los lagos más extensos del planeta por superficie, con 250 km de largo por 50 de ancho, es decir unos 12.500 km², similar a la de las Islas Malvinas y su volumen, unos 5.400 km³ de agua dulce, lo que lo sitúa entre los seis mayores del mundo por cantidad de agua almacenada, aunque la diferencia con cualquier otro lago es que Vostok permanece enterrado bajo un techo de hielo de unos 4.000 metros de espesor, lo que sitúa su superficie a unos 500 metros por debajo del nivel del mar.

 

El lago, se encuentra justo debajo de la estación rusa “Vostok”, en pleno corazón de la meseta antártica oriental, en el llamado polo del frío y en esa base, el 21 de julio de 1983, se registró la temperatura más baja jamás medida de forma natural en la superficie terrestre, −89 °C, aunque pese a ese extremo, el agua del lago no se congela.

 

El agua, se mantiene líquida a unos −3 °C gracias a la presión colosal que ejercen sobre ella los kilómetros de hielo acumulados encima, un fenómeno que baja el punto de congelación del agua igual que ocurre, a menor escala, cuando se presiona con fuerza un cubito de hielo.

 

Intuición previa: la historia de su descubrimiento empieza mucho antes de que nadie confirmara que existía. 

 

A finales del siglo XIX, el geógrafo ruso Piotr Kropotkin había planteado que el peso de miles de metros de hielo, podía generar suficiente presión como para fundir agua en la base de los casquetes polares y esa intuición, se quedó sin desarrollar hasta que, en 1967, el glaciólogo Igor Zotikov la convirtió en el tema de su tesis doctoral.

 

El primer indicio real, llegó de la mano de Andréi Kapitsa, que entre 1959 y 1964 realizó sondeos sísmicos en la región de Vostok para medir el grosor del hielo durante las expediciones soviéticas a la Antártida y aquellos datos, reinterpretados años después en un simposio del Scott Polar Research Institute de Cambridge, revelaron “la presencia de agua bajo el hielo”.

 

Además, en paralelo, equipos británicos habían detectado en los años setenta lecturas de radar anómalas en la misma zona al sobrevolarla con radares de penetración de hielo. 

 

La confirmación definitiva, llegó en 1993, cuando J. P. Ridley, especialista en teledetección del Mullard Space Science Laboratory de Londres, orientó el satélite ERS-1 hacia el centro de la capa de hielo antártica y sus datos de altimetría por radar corroboraron lo que los sobrevuelos ya sugerían y el hallazgo, se publicó finalmente en la revista Nature en junio de 1996.

 

El nombre del lago no hace referencia a nada relacionado con el agua, sino a un barco: el “Vostok”, es el buque de guerra de 900 toneladas con el que el almirante ruso Fabian von Bellingshausen participó en el descubrimiento de la Antártida a principios del siglo XIX y Vostok significa, además, “este” en ruso, lo que también concuerda con la ubicación del lago en el sector oriental del continente.

 

Además, en 2005 se localizó una isla en la parte central del lago y meses después se anunció el hallazgo de otros dos lagos subglaciales cercanos, bautizados “90 Degrees East” y “Sovetskaya”. 

 

Los glaciólogos, sospechan que buena parte de estos lagos antárticos, de los que hoy se conocen cientos, podrían estar conectados por una red de ríos subterráneos que, en función de la presión de cada cuenca, forman corrientes capaces de abrirse paso a través del hielo sólido.

 

Una cicatriz tectónica bajo el continente blancola cubeta que aloja el lago no es un simple hueco de erosión, sino una estructura tectónica de unos 50 km de ancho encajada en una zona de colisión continental mucho más amplia, entre la cordillera subglacial Gamburtsev y la región de Dome C.

 

El agua, reposa sobre un lecho de sedimentos de 70 metros de espesor que, si algún día se llegara a perforar, podría conservar un registro único del clima y la vida en la Antártida de antes de que existiera el casquete de hielo, cuando el continente, todavía unido a Australia, tenía un clima subtropical, fauna marsupial y selva templada.

 

El hielo que cubre el lago, sí se pudo leer como un libro: ofrece un registro paleoclimático continuo de 400.000 años y el agua líquida que hay debajo, en cambio, es mucho más antigua y mucho más difícil de fechar: se calcula que quedó aislada de la atmósfera hace entre 15 y 25 millones de años, muchísimo antes de que el género “Homo” apareciera sobre la Tierra.

 

Durante un tiempo, se pensó que esa misma agua llevaba ahí desde el origen del lago, lo que daría un tiempo de renovación de alrededor de un millón de años, pero trabajos   posteriores de Robin Bell y Michael Studinger, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, sugirieron algo distinto: “que el agua se congela y se retira continuamente arrastrada por el movimiento del casquete de hielo, mientras se repone con agua fundida de otras zonas del manto helado”.

 

Con ese mecanismo, el volumen completo del lago se renovaría cada 13.300 años, un ciclo que sigue siendo larguísimo si se compara con los seis años que tarda en renovarse el agua del lago Ontario, de tamaño parecido pero expuesto al aire libre.

 

Bajo esa capa de hielo, las condiciones físicas rozan lo extremo: “el agua está sobresaturada de nitrógeno y oxígeno, hasta el punto de que un kilo de agua del lago contiene 2,5 litros de estos gases, una concentración 50 veces mayor que la del agua que se consume de manera habitual”, según explicó el director científico del proyecto ruso, Vladímir Lipenkov, tras el momento de la perforación.

 

Parte de ese gas, no está disuelto, sino atrapado en estructuras llamadas “clatratos”, una especie de jaula de hielo que encierra las moléculas de gas y que se desestabiliza en cuanto se saca a la superficie. 

 

En 2005, además, un equipo de investigadores alemanes, rusos y japoneses descubrió además que el lago tiene mareas: según la posición del Sol y la Luna, su superficie sube hasta 12 milímetros.

Nomyc-24-9-26

 

Consultá por este producto
@

*Los campos son obligatorios

Cargando
¡Contactanos!
clave

NOTICIAS
con contraseña