Riesgos invisibles que amenazan la salud cardiovascular de las personas mayores


Especialistas advierten que en los adultos mayores hay determinantes menos conocidos que los factores habituales y pueden provocar un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca


Categoría: MÉDICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-Gracias a los avances en salud, la mejora de las condiciones de vida y los progresos terapéuticos, cada vez más personas alcanzan edades avanzadas, por lo que los nonagenarios y centenarios, que hasta hace algunas décadas eran una excepción, hoy forman parte de la práctica cotidiana de los equipos de salud, lo que obliga a replantear muchos de los paradigmas tradicionales de la medicina.


Las Enfermedades Cardiovasculares son, hoy, la principal causa de muerte y discapacidad en las personas mayores, e incluso según las últimas cifras de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, el 89 por ciento de los fallecimientos por las enfermedades del sistema circulatorio correspondieron a personas de 60 años y más y entre este conjunto de patologías, se agrupan a las enfermedades hipertensivas, las isquémicas del corazón, la insuficiencia cardíaca, las demás enfermedades del corazón, las enfermedades cerebrovasculares, la ateroesclerosis y las demás enfermedades del sistema circulatorio. 1 


Sin embargo, los especialistas coinciden en que la manera de entender el riesgo cardiovascular está cambiando, ya que aunque durante décadas, la prevención se apoyó de manera casi exclusiva en factores tradicionales como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo, entre otros, pero aunque estos determinantes siguen siendo fundamentales, hoy se sabe que existe un conjunto de condiciones vinculadas de manera estrecha al envejecimiento, que pueden influir de manera decisiva sobre el pronóstico cardiovascular.

 

Los cardiólogos definen a la “fragilidad”, como un síndrome independiente de la edad cronológica, de origen multicausal, derivado de factores genéticos, clínicos, ambientales y psicosociales, por lo que esta perspectiva dinámica y multidimensional, se caracteriza por una disminución de la reserva biológica y un aumento de la vulnerabilidad ante factores estresantes, con impacto negativo en el constructo del envejecimiento saludable (entorno, capacidad funcional e intrínseca.


Lejos de ser sinónimo de vejez, la fragilidad es considerada un síndrome biológico complejo, multidimensional y con posibilidades de ser reversible, aunque esta condición, aumenta el riesgo de enfermedad, discapacidad, internaciones, dependencia y muerte. 

 

En este contexto, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) publicó hace poco un Documento de Posición sobre Fragilidad y Valoración Integral en Cardiología,2 elaborado por especialistas de todo el país, que propone incorporar de manera sistemática la evaluación de la fragilidad en la práctica cardiovascular.


“Durante muchos años evaluamos el riesgo cardiovascular observando principalmente la presión arterial, el colesterol o la glucemia, entre otros factores. Hoy sabemos que eso es insuficiente. La fragilidad, la pérdida de autonomía, la sarcopenia o el aislamiento social, pueden modificar profundamente el pronóstico cardiovascular de una persona mayor” explicó Guillermo Suárez, director del Consejo de Cardio Geriatría de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y uno de los coordinadores de la II Jornada del Consejo de Cardio Geriatría de la SAC llevada a cabo recientemente en Rosario, Santa Fe, sobre este temática. 

 

“Por eso debemos dejar de mirar solamente la enfermedad y comenzar a mirar a la persona en forma integral y en el centro de la toma de decisiones”, agregó Suárez.

 

Uno de los aspectos más innovadores de esta visión es que no es suficiente la utilización de la edad cronológica como principal parámetro para tomar decisiones médicas y constituye solo una visión parcial del problema: dos personas de 80 años pueden presentar estados de salud (y, específicamente, riesgo cardiovascular) completamente diferentes. Mientras una mantiene independencia funcional, actividad física, vínculos sociales y buena reserva biológica, otra puede presentar múltiples déficits que la vuelven particularmente vulnerable.


Según Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, “frente al envejecimiento de la población, los médicos tenemos que tener en cuenta que el adulto mayor necesita un tipo distinto de atención, con un abordaje muy, muy específico, para el que los profesionales de la salud deben complementar su formación”. 

 

“Por eso desde la SAC conformamos este nuevo Consejo de Cardio Geriatría y llevamos adelante jornadas de capacitación, con el objetivo de intercambiar experiencias y promover la educación sobre el tema en nuestros propios colegas” continuó el presidente de la SAC.


Por eso, los especialistas proponen priorizar el concepto de edad biológica por encima de la edad cronológica. La diferencia no es menor. La edad cronológica indica cuántos años ha vivido una persona y la edad biológica, en cambio, refleja cómo envejecieron realmente sus órganos, sistemas y capacidades funcionales.


“La edad cronológica ya no alcanza para definir conductas. Necesitamos conocer la situación nutricional, funcional, cognitiva y social de cada paciente para comprender verdaderamente su riesgo”, explicó la María Alejandra Fradegrada, presidenta del Distrito Santa Fe de la Sociedad Argentina de Cardiología y también coordinadora de la jornada científica.


La evidencia, muestra además, que la relación entre fragilidad y enfermedad cardiovascular es bidireccional ya que por un lado, las enfermedades cardiovasculares favorecen el desarrollo de fragilidad y por otro, la fragilidad aumenta la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares graves y empeora de manera significativa el pronóstico de quienes ya presentan una enfermedad cardíaca.


Estudios internacionales citados en el Documento de Posición de la SAC, muestran que la prefragilidad y la fragilidad se asocian con un incremento significativo de la mortalidad y de los eventos cardiovasculares mayores, incluso después de ajustar por los factores de riesgo tradicionales.

 

Esto, significa que una persona puede tener la presión controlada, el colesterol en valores adecuados y no fumar, pero aun así presentar un riesgo cardiovascular elevado si existen otras vulnerabilidades que no están siendo detectadas.


Nuevos factores de riesgo: entre los factores de riesgo menos conocidos que concentran la atención de los especialistas se encuentra la sarcopenia, es decir la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, la nutrición, ya que tanto el exceso de peso como la desnutrición pueden asociarse con peores resultados clínicos, con el agravante de que en las personas mayores, la malnutrición suele pasar inadvertida. 

 

La disminución del apetito, las dificultades económicas, los problemas dentarios, la soledad o ciertas enfermedades crónicas también pueden favorecer déficits nutricionales que impactan directamente sobre la fragilidad y el riesgo cardiovascular.

 

No vacunarse es un factor de riesgo, ya que estar inmunizado frente a patologías como la gripe, la neumonía o el COVID-19, entre otras, permite evitar enfrentar cuadros que pueden contribuir a desencadenar episodios cardiovasculares, sobre todo en personas que además presentan algún otro factor de riesgo.


Por otro lado, el documento de la SAC, menciona a la polifarmacia, ya que el aumento de la expectativa de vida permite controlar numerosas enfermedades crónicas, pero también generó una mayor exposición a tratamientos simultáneos. 

 

Muchas personas mayores, consumen una gran cantidad de medicamentos todos los días y aunque en muchos casos son necesarios, los especialistas advierten que la acumulación de medicamentos incrementa el riesgo de interacciones medicamentosas, efectos adversos, caídas, deterioro funcional y dificultades para cumplir correctamente los tratamientos.

 

A esto se le agrega que se demostró que la salud cardiovascular, también depende de factores sociales, psicológicos y emocionales, ya que la depresión, el estrés crónico, la ansiedad, la soledad y el aislamiento social, se asocian con una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular y una peor evolución clínica, es decir que no tener pareja, contar con una red de apoyo limitada o carecer de vínculos significativos, son situaciones que pueden afectar directamente la salud física.

 

Lejos de tratarse solo de problemas emocionales, estas condiciones generan respuestas biológicas que favorecen procesos inflamatorios, alteraciones hormonales y mecanismos vinculados con el desarrollo de enfermedad cardiovascular, por lo que los especialistas consideran que “la salud mental y la salud social deben formar parte de cualquier estrategia moderna de prevención cardiovascular”.

 

También, existen determinantes vinculados al género: las mujeres suelen presentar una mayor acumulación de déficits asociados al envejecimiento, aunque al mismo tiempo exhiben una sobrevida superior a la de los hombres. 

 

Este fenómeno, conocido como “paradoja de salud y supervivencia”, constituye una de las áreas de investigación más activas dentro de la cardiogeriatría, mientras que factores como la menopausia precoz y un mayor número de embarazos, se asociaron con un aumento del riesgo cardiovascular a largo plazo.

 

Frente a esta realidad, la Sociedad Argentina de Cardiología propone avanzar hacia una valoración integral centrada en la persona y un enfoque que incorpora cinco dimensiones fundamentales: la esfera clínica, la nutricional, la funcional, la mental y la social.


“El objetivo ya no consiste de manera única en diagnosticar enfermedades, sino en comprender cómo vive cada persona, cuál es su grado de autonomía, cómo se alimenta, qué nivel de actividad física mantiene, cuáles son sus vínculos sociales, qué apoyo recibe de su entorno y cuáles son sus objetivos de vida”, sostuvo Sebastián Benítez, cardiólogo, Coordinador de Consejos Científicos de la Sociedad Argentina de Cardiología. 

 

Según los especialistas, la evidencia “muestra que este tipo de evaluación integral permite mejorar la calidad de vida, reducir internaciones, disminuir la institucionalización y optimizar los resultados clínicos”.

 

Acerca de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC): fundada en 1937, cuenta con más de 6.500 miembros incorporados en las siguientes categorías: titulares, activos, adherentes, adscriptos, correspondientes nacionales, correspondientes extranjeros, honorarios, vitalicios, benefactores y asistentes, posee 25 Consejos Científicos que representan a cada una de las subespecialidades y 35 Distritos Regionales distribuidos a lo largo del país. Entrena y capacita a enfermeros y técnicos.

 

La SAC organiza simposios, jornadas, reuniones científicas y encuentros nacionales, internacionales y regionales en todo el país y su Congreso SAC reúne a más de 14.000 profesionales de la cardiología de Sudamérica y el Caribe, con la visita de USA y de la Comunicad Europea. 

Nomyc-23-6-26

Consultá por este producto
@

*Los campos son obligatorios

Cargando
¡Contactanos!
clave

NOTICIAS
con contraseña