El país integraba la Organización Mundial de la Salud desde 1948 y mediante ese acuerdo contrajo obligaciones en cuestiones de salud pública. El retiro tiene consecuencias
Buenos Aires-(Nomyyc)-El gobierno nacional comunicó ayer, a través de la Cancillería, que el país abandonó su lugar como miembro pleno de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como lo había anunciado hace un año, aunque continuará, su participación en la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al igual que lo hace Estados Unidos.
Pero ¿qué implica para el país esa decisión política que ministros provinciales de Salud habían reclamado debatir antes, en el Consejo Federal de Salud (Cofesa)?
Según explicaba el Ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, el año pasado, “Salir de la OMS no significa salir de la OPS, que es preexistente y depende de la Organización de Estados Americanos (OEA)”
Ayer, luego de la confirmación de la medida, afirmó a través de la red X que la decisión “pone en primer lugar la salud de los argentinos y la capacidad del país de definir sus propias políticas sanitarias”.
“Durante años, la OMS avanzó con una agenda marcada por sesgos ideológicos, alejándose de la evidencia y promoviendo políticas que tuvieron consecuencias profundas. Las cuarentenas eternas son el ejemplo más claro de un enfoque que priorizó la política por sobre la ciencia” agregó.
El país, había adherido a la constitución de la OMS en 1948 y mediante ese acuerdo, contrajo obligaciones en cuestiones de salud pública, por lo que se esperaba que el proceso no fuera inmediato y, como anticipó este diario en febrero de 2025, demandara, por lo menos, un año.
En aquel momento, en concepto de cuota y contribuciones, el país abonaba a la OMS $ 1.248.740.889 y, a la OPS, $ 406.489.472, según la previsión presupuestaria declarada en 2024.
Al 30 de enero del año pasado, justo antes del anuncio de que la Argentina abandonaría la OMS, la deuda con la OPS ascendía a un total de US$ 10.176.812 por tres cuotas acumuladas desde 2023, según información de la oficina local de ese organismo.
“La salida de la OMS no compromete ningún programa de salud nacional”, expresaron desde el Ministerio de Salud nacional y de hecho, el trabajo con la OPS a través de su sede en el país se intensificó con el gobierno libertario.
Pero, ¿Qué implica la salida?: de la relación con la OMS, como lo explicaron exfuncionarios nacionales consultados por un medio nacional, surgía la posibilidad de coordinar acciones con otras regiones, no solo con América Latina, Estados Unidos y Canadá, que integran la OPS.
También, se recibe asistencia técnica a través de la oficina regional que, en muchos casos, tiene financiamiento de la OMS a partir de las cuotas que abonan los estados miembros y en el presupuesto oficial, de hecho, figuraba hasta el año pasado financiamiento para el trabajo de la “Red de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos”, además de la entrega de algunos insumos a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS Malbrán).
Sin embargo, desde la cartera de Salud nacional insistían, desde un primer momento, en que la cooperación internacional no se interrumpiría y que “la realidad es que Argentina no recibe financiamiento directo de la OMS”, mientras que los proyectos de cooperación técnica con fondos externos se gestionan a través de la OPS.
Con la OPS se mantiene una relación activa en asesoramiento técnico y formación de recursos humanos, como en el caso del Dengue, en entrenamiento de recursos humanos para la vigilancia epidemiológica y la carga de datos en el sistema nacional de vigilancia sanitaria o la compra de gran parte del calendario nacional de vacunación y medicamentos de alto costo.
Eso los países de la región lo hacen a través de un Fondo Rotatorio y un Fondo Estratégico, a partir de lo que cada país miembro solicita, la OPS negocia con la industria farmacéutica por volumen y a precios mucho más bajos que los que un solo país o un grupo de países podrían conseguir.
La otra mirada: “Salir de la OMS para un país implica estar fuera de las políticas sanitarias globales, marcos regulatorios y el Reglamento Sanitario Internacional, la preparación coordinada para pandemias, las innovaciones; también, ser parte de la agenda sanitaria mundial con alguna influencia mínima. ¿Son organizaciones perfectas? No, tienen sus grandes limitaciones, con errores estratégicos como pudimos ver con el manejo de la pandemia de Covid”, consideraba Adolfo Rubinstein, ex-ministro de Salud de la Nación
Durante la gestión ministerial del ahora director del Centro de Implementación e Innovación en Políticas de Salud (Ciips) en el Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), en mayo de 2019, el país había ingresado al grupo de 36 estados que la OMS certificó libres de Malaria y también era parte del Comité Directivo de ese organismo mundial.
Para dejar de ser parte de la OMS, según los compromisos adquiridos, el proceso no sería tan simple ni rápido como se transmitió en la conferencia de prensa en Casa de Gobierno, sino que es probable que esta medida oficial tenga que ser analizada también por abogados constitucionalistas y hasta por el Congreso.
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