En Argentina se producen más de 50.000 unos 60 mil por año y los especialistas destacan que actuar de manera rápida ante los primeros síntomas disminuye sus consecuencias
Volver a caminar, compartir una comida en familia, viajar, trabajar, bailar o desenvolverse sin ayuda en las actividades cotidianas, todo ello después de un Accidente Cerebrovascular (ACV), puede depender, en buena medida, de recibir atención a tiempo durante las primeras horas desde la aparición de síntomas y en los últimos años, la Argentina logró avances importantes en el abordaje del ACV: se desarrollaron redes asistenciales, se incorporaron tratamientos capaces de reducir sus secuelas y se capacitaron equipos profesionales.
Sin embargo, persiste una dificultad decisiva: “muchos pacientes todavía no llegan a tiempo a los centros preparados para atenderlos, lo que puede comprometer sus posibilidades de recuperación y su calidad de vida futura” señalan los especialistas.
Con motivo del Día Mundial del ACV, que se conmemora hoy, especialistas reflexionaron sobre los avances alcanzados y los desafíos pendientes para que cada vez más personas puedan superar esta emergencia con las menores secuelas posibles.
En el país se estima que hay 60.000 ACV por año, por lo que es y la primera causa de discapacidad adquirida y aunque sus consecuencias pueden ser graves, hoy existen tratamientos que, administrados de manera oportuna en determinados casos, dentro de una ventana terapéutica de hasta 4,5 horas desde el inicio de los síntomas, permiten mejorar considerablemente las posibilidades de recuperación.
“Cuando hablamos de actuar rápido frente a un ACV, hablamos de mucho más que salvar una vida. Hablamos de la posibilidad de que esa persona vuelva a caminar, a comunicarse, a disfrutar de su familia y a hacer las cosas que le gustan” explicó Federico Giner, neurólogo del Hospital “Luis Carlos Lagomaggiore” y coordinador de la Red de TeleACV y Teleneurología de Urgencia de la Provincia de Mendoza.
“Hoy tenemos herramientas que pueden cambiar significativamente su pronóstico, pero necesitamos que los pacientes lleguen a tiempo para poder utilizarlas. Cada minuto que se pierde puede condicionar su calidad de vida futura” continuó Giner.
Para los especialistas, lograr que más pacientes reciban tratamiento oportuno requiere tanto una comunidad capaz de reconocer las señales de alarma como servicios de emergencia y hospitales preparados para responder de manera rápida.
La coordinación entre instituciones, los protocolos de derivación y el acceso a centros especializados son fundamentales para transformar los avances de la medicina en oportunidades concretas de recuperación.
Cuando el tiempo es vida: la historia de Antonio, Antonio Quiroga, oriundo de Jujuy, estaba estaba en sus primeros meses de jubilación cuando sufrió un accidente cerebrovascular.
Aquella mañana, había recibido a unos albañiles que trabajaban en la pintura de su casa y mientras subía una escalera, perdió el equilibrio y cayó, por lo que en un primer momento, pensó que se trataba de un simple tropiezo, pero en realidad sufría un ACV.
Unos 40 minutos después llegó la asistencia médica y fue trasladado al hospital, donde comenzó su atención y con el acompañamiento de su familia y de manera especial de su hija y del equipo de salud, inició un proceso de recuperación que también lo llevó a incorporar nuevos hábitos.
Su historia muestra que, después de un ACV, puede haber espacio para recuperar actividades, disfrutar de nuevos proyectos y encontrar otras formas de vivir plenamente, ya que Antonio, no solo incorporó cuidados para su salud: también descubrió nuevas pasiones.
“Aprendí a comer más sano, a descansar mejor y a controlarme la presión. También empecé a bailar folclore y ahora estoy aprendiendo tango. Todo lo que me enseñaron en el hospital lo estoy aplicando para tener una vida más saludable y disfrutarla con más alegría”, cuenta.
Su experiencia refleja lo que está en juego cuando se habla de mejorar la atención del ACV: la posibilidad de que más personas puedan continuar escribiendo su propia historia, con proyectos, vínculos y actividades que les den sentido a sus días.
“Luchemos por la vida”: Agustín tiene 44 años, vive en la ciudad de Córdoba y en octubre de 2019, cuando tenía 37 años, sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que le cambió la vida, ya que hasta entonces, había trabajado durante 14 años en una empresa de plásticos y luego había iniciado su camino laboral de manera independiente.
Todo comenzó con un hormigueo en el brazo, el antebrazo y la mano. Agustín estaba solo en su departamento y decidió acostarse. A la mañana siguiente, alrededor de las 6.30, sufrió un episodio que lo dejó inconsciente. Sus padres y su hermano lo trasladaron de urgencia al hospital, donde permaneció cuatro días en terapia intensiva y otros cuatro en una sala de internación general.
El ACV le afectó el lado derecho del cuerpo y le provocó afasia, una alteración que compromete la capacidad de comunicarse. A partir de entonces, comenzó un largo proceso de recuperación en el que tuvo que volver a aprender muchas de las actividades más básicas de la vida cotidiana.
“Tuve que aprender a caminar, dejar la silla de ruedas y los pañales, volver a leer y a escribir. Como soy diestro y me quedó afectado el lado derecho, también tuve que aprender a usar la mano izquierda”, cuenta Agustín, que recuerda las dificultades de aquellos primeros tiempos y reconoce que la rehabilitación requirió mucha perseverancia” recuerda.
Con el acompañamiento de profesionales de distintas especialidades, fue recuperando autonomía y aunque todavía convive con algunas dificultades en el lenguaje, continúa trabajando para superarlas.
“A veces me frustro porque me falta un poco de agilidad mental, pero tengo que seguir intentando. Todavía estoy rehabilitándome y voy aprendiendo” explica.
Hoy, vive con sus padres, pero logró recuperar buena parte de su independencia, asiste a cursos de computación y uso del celular, va al gimnasio, hace actividades en la pileta y puede trasladarse caminando por la ciudad,. además de que mantiene el acompañamiento psicológico y cuida sus hábitos: no fuma ni consume alcohol.
A casi siete años del ACV, Agustín avanza en su recuperación, consciente de las dificultades que todavía enfrenta, pero también de todo lo que consiguió desde aquel episodio que transformó su vida y cuando le preguntan qué enseñanza le dejó esta experiencia, su respuesta es sencilla y contundente: “Luchemos por la Vida”.
El desafío de llegar a tiempo y recuperar la autonomía: las diferencias geográficas y sanitarias del país plantean obstáculos que todavía deben resolverse, ya que en algunas regiones, las grandes distancias dificultan el acceso a centros especializados y en otras, las demoras se relacionan con dificultades de coordinación entre instituciones o en los traslados.
“Detrás de cada paciente hay una historia, una familia, proyectos y una vida que merece continuar de la mejor manera posible. Por eso es tan importante que el lugar donde una persona sufre un ACV no determine sus oportunidades de recuperación. Organizar la respuesta sanitaria significa darles a más personas la posibilidad de recibir el tratamiento que necesitan y de preservar su independencia y su calidad de vida”, señaló Pamela Dorrego, neuróloga, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Córdoba y coordinadora de la Red de ACV de la provincia.
Los especialistas identificaron barreras que siguen limitando el acceso oportuno al tratamiento: dificultades para reconocer los síntomas, demoras en la activación de los servicios de emergencia, problemas en las derivaciones y falta de articulación entre jurisdicciones y entre los sectores público, privado y de la seguridad social.
También destacaron la importancia de contar con registros que permitan conocer cuántos pacientes acceden a tratamientos específicos, cuáles son los tiempos de atención y qué resultados se obtienen, para identificar oportunidades de mejora y orientar las decisiones sanitarias.
Este año, el Ministerio de Salud de la Nación creó el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV), que contempla un Código ACV Nacional, centros coordinadores regionales y mecanismos de articulación entre hospitales y servicios de emergencia y en agosto, además, el ACV fue incorporado al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud como evento de notificación obligatoria.
Pero la atención del ACV no termina cuando se supera la emergencia, ya que para muchos pacientes, comienza un proceso de rehabilitación que puede extenderse durante meses y que resulta fundamental para recuperar funciones, autonomía y calidad de vida, pero la disponibilidad de estos servicios, sin embargo, presenta importantes diferencias entre regiones e instituciones.
“Cada avance que consigue una persona después de un ACV puede tener un valor enorme: volver a vestirse sola, recuperar el habla, caminar sin ayuda o retomar una actividad que disfrutaba” señala Giner.
“La rehabilitación es parte esencial de ese camino y debemos procurar que más pacientes tengan acceso a ella. El objetivo no es solamente que sobrevivan, sino que puedan recuperar la mayor autonomía posible y volver a disfrutar de su vida”, agrega el especialista.
En este contexto, la concientización de la comunidad sigue siendo indispensable y la aparición repentina de debilidad en un lado del cuerpo, asimetría facial, dificultades para hablar, alteraciones visuales o pérdida del equilibrio puede indicar un ACV y ante cualquiera de estas señales, incluso si desaparecen de manera espontánea, se debe llamar de manera inmediata, al servicio de emergencias.
“Hay algo que todos podemos hacer y que puede cambiar la historia de una persona: reconocer los síntomas y pedir ayuda sin demora. Muchas veces se espera a ver si el malestar pasa, sin saber que ese tiempo puede ser determinante. Cuando decimos que el tiempo es vida, también hablamos de la vida que esa persona podrá seguir teniendo después del ACV”, concluyó Dorrego.
Actividades por el Día del ACV
8ª Caminata “Por una vida libre de ACV”: el sábado 31 de octubre, a las 10 horas, se realizará una caminata de 3 kilómetros en el Lago de Regatas de Palermo (Av. Figueroa Alcorta y La Pampa, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
La actividad es gratuita, abierta a personas de todas las edades y busca generar conciencia sobre la prevención del ACV, sus señales de alarma y la necesidad de solicitar asistencia médica inmediata.
La iniciativa es organizada por la Asociación Argentina Por Una Vida Libre de ACV junto con el Grupo de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Neurológica Argentina y se requiere inscripción previa en www.porunavidalibredeacv.com.ar.
Más inciativas: “Caminá por tu salud, corré contra el ACV” en Córdoba: el sábado 31 de octubre, a las 10, se realizará una jornada de concientización en el Parque Las Heras de la capital provincial, bajo el lema #CerebroSano, en el marco del Día Mundial del ACV.
La actividad busca promover hábitos saludables, el reconocimiento temprano de los síntomas y la importancia de actuar rápidamente ante una emergencia. Participan el Hospital Italiano de Córdoba, el Hospital Privado Universitario de Córdoba, el Hospital Ferreyra, la Clínica Universitaria Reina Fabiola, la Clínica Privada Vélez Sarsfield y el Hospital Nacional de Clínicas, junto con la Red de ACV de la Provincia de Córdoba, la Municipalidad de Córdoba y el Ministerio de Salud provincial.
Acceso en la PBA: las Unidades de ACV son espacios físicos dentro de los hospitales con personal altamente especializado para el diagnóstico y tratamiento no sólo de las causas más frecuentes de ACV sino también de las más complejas e infrecuentes. Actualmente se encuentran en los hospitales Gral. San Martín de La Plata, Dr. O Alende de Mar del Plata y Alberto Balestrini de La Matanza.
El sistema de salud bonaerense cuenta también con Equipos de ACV en los siguientes hospitales públicos:
HZGA Dr. “José Penna”, de Bahía Blanca; el HZGA “Julio de Vedia”, de Nueve de Julio; HIGA “Abraham Piñeyro”, de Junín; el HIGA “San Felipe”, de San Nicolás; el HIGA “San José”, de Pergamino; el HLGA “Nuestra Señora del Carmen”, de Carmen de Areco; el HIGA “Eva Perón”, de San Martín; el HG “Magdalena V. de Martínez”, de Tigre; el HZGA “Enrique E Erill”, de Escobar; el HZGA “Petrona V. de Cordero”, de San Fernando; el HZGA “Manuel Belgrano”, de San Martín; el HZGA “Gdor. Domingo Mercante”, de José C. Paz: HZGA “Dr Lucio Meléndez”, de Adrogué; el Hospital Universitario Interzonal Provincial de Ezeiza; HZGA “Dr. Arturo Oñativia”, de Almirante Brown y el HIGA “Presidente Perón”, de Avellaneda.
Otros de los hospitales que conforman la Red son el HZGA “Dr. Isidoro Iriarte”, de Quilmes; SAMIC “El Cruce”, de Florencio Varela; HZGA “Mi Pueblo”, de Florencio Varela; HZGA “Narciso López”, de Lanús;HIGA “Ramón Carrillo”, de Tres de Febrero; HZGA “Mariano y Luciano de la Vega”, de Moreno; HIGA “Vicente López y Planes”, de General Rodríguez; HIGA “Dr. Luis Güemes”, de Haedo; HZGA “Dr. Carlos Bocalandro”, de Tres de Febrero;HIGA “Dr Oscar Alende”, de Mar del Plata; HZGA de Las Flores; HZGA “Blas L. Dubarry”, de Mercedes; HZAGA “Dr. Posadas”, de Saladillo y el HIGA “Gral. San Martín”, de La Plata.
La lista de hospitales que poseen Centro de Atención para los ACV se completa con el HIGA “A Korn”, de Melchor Romero; el Hospital “Zenón Videla Dorna”, de San Miguel del Monte; el HIGA “Prfo Rodolfo Rossi”, de La Plata; el HZGA “Dr Horacio Cestino”, de Ensenada; el HZGA “Larrain”, de Berisso; el HIGA “San Roque”, de Gonnet; el HIEAyC “San Juan de Dios”, de La Plata; la UPA Nro 7 de Lezama; el HIGA “Simplemente Evita”, de La Matanza; el Hospital “A Balestrini”, de La Matanza y el HIGA Paroissen de La Matanza.
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